Historia

Historia de la Real, Ilustre, Fervorosa y Muy Antigua Hermandad y Cofradía de Nuestra Señora del Rosario de Mairena del Aljarafe.

Introducción

Las páginas que a continuación se desarrollan recogen el discurrir histórico de la Hermandad y Cofradía de Nuestra Señora del Rosario de Mairena del Aljarafe desde la fecha en que tenemos constancia de la aprobación por la autoridad eclesiástica de sus primitivas Reglas hasta nuestros días, abarcando un amplio periodo de tiempo de cuatro siglos de amor y devoción a nuestra Madre del Rosario.

La información que ahora mediante esta web se difunde, viene a ser un extracto del trabajo desarrollado por un grupo de jóvenes de nuestra Hermandad en 1991, el Grupo de Investigación Histórica de Nuestra Señora del Rosario “Francisco de Velasco”, que después de una ardua labor de investigación y recopilación de datos, hizo que saliera a la luz el libro “Mairena del Aljarafe y la Hermandad de Nuestra Señora del Rosario. 375 años de historia”, bajo la dirección del historiador e ilustre cofrade sevillano, aunque con raíces maireneras, D. Joaquín de la Peña Fernández.

Vino a recoger este libro la historia cierta, objetiva y veraz de esta Corporación, con un estudio detallado de las Reglas Fundacionales de la Hermandad de 1615, del Libro de Actas de Cabildos de 1670-1736, de la Reglas de la Congregación de mujeres de 1866, del Libro de Actas y Cuentas de la misma del último tercio del siglo XIX, junto con otros escritos del siglo XX, documentos todos ellos que se conservan en el archivo histórico de esta Corporación.

Apuntar también que en el citado libro se contó con la inestimable colaboración del Catedrático del Departamento de Historia del Arte de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Sevilla, D. Juan Miguel González Gómez, autor del capítulo IX de esta obra relativo al patrimonio artístico.

Por último significar que el periodo histórico de mediados del siglo del siglo XVIII a mediados del XIX, donde la documentación que dispone la hermandad es más exigua, se ha visto favorecida por la aportación que en los boletines de esta Corporación ha efectuado nuestro hermano Manuel Vela Farfán tras un arduo trabajo en el Archivo de Protocolos de Sevilla, descubriendo a través de los testamentos que la devoción de los maireneros a Nuestra Madre del Rosario no decayó en ningún momento.

 

Los inicios de la Hermandad

 Aunque el documento más antiguo, encontrado hasta ahora, (Reglas Fundacionales) está fechado en 1615, la Hermandad de Nuestra Señora del Rosario de Mairena del Aljarafe es, sin lugar a dudas, anterior a esta fecha. Respalda esta afirmación la cantidad de referencias que a lo largo de dicho documento aparecen y que, entre las más importantes podemos destacar:

  • A lo largo del articulado se puede comprobar que el primer Domingo de cada mes la Hermandad celebraba ya una Misa con su procesión. Se estipula que en esta procesión, la cera que ha de arder sea la misma que para el día de la Virgen del Rosario, el de Pascua de Resurrección o el Corpus Christi. Sin embargo, en ningún momento dice la cantidad de cera, ni exacta ni aproximada, que se ha de utilizar en estos tres días, lo que da a entender que era conocida de antemano.
  • Otra referencia que indica que la Hermandad estaba constituida antes de la redacción de sus primitivas Reglas es que hubo que establecer fuertes sanciones para los que debían penas o excusas a la Hermandad puesto que, en no pocas ocasiones, la picaresca de algunos cofrades los hacía quedar inmunes ante ella, evitando así tener que pagar lo que a la Cofradía se le adeudaba. Así, en el capítulo XIII, se señala que todos los cofrades y cofradas (así lo pone en las Reglas) paguen las penas y excusas y se indica “por cuanto se ha visto muchas veces que los unos pagan las penas y excusas y otros con su obstinación quedan libres, no siendo justo, dado que todos somos hijos de Cristo y para servir a Dios principalmente se ha establecido esta Santa Hermandad y Regla, por lo que unos son excusados y otros llevan la carga”.
  • Un punto más que confirma que nuestro razonamiento tiene su fundamento es el desdoblamiento que se hace de las funciones del Prioste por el exceso de trabajo que para una sola persona supone dicho cargo. Es, por tanto, necesario dividir el oficio entre este y otra nueva figura que aparece en el gobierno de la Hermandad: el Mayordomo. “Iten que por cuanto es muy grande trabajo a un hombre solo que sea Prioste tener cargo de todo lo que pertenece al pro y utilidad de la dicha cofradía es nuestra voluntad que sean elegidos por oficiales dos hombres hermanos de la dicha cofradía el uno para Prioste… y el otro que fuere elegido que sea Mayordomo…”
  • En ningún momento se establece el número exacto de cada uno de los oficiales ni las funciones de la mayoría de ellos, como si se supiera de antemano. Refleja esto que la Hermandad, como institución, ya existía y con una cierta estructura organizativa.
  • Tampoco existe una clara ordenación de los cultos, dejando entrever una larga tradición en la preparación de estos actos.

No obstante, y según lo expuesto anteriormente, queda oficialmente instituida la Hermandad, tras la redacción de las Reglas, una vez concluido el proceso que a continuación se expone: presentado el documento en el Arzobispado, es el doctor Pedro de Vargas quien se encarga de su revisión, tras la que introduce unas leves modificaciones que pueden apreciarse en el texto; se realizan por encargo del Provisor D. Gonzalo de Campo y datan del 14 de Octubre de 1615. Sin embargo, la aprobación definitiva no se obtiene hasta el 16 de Mayo de 1616 viniendo de la mano de D. Andrés de Rueda Rico quien posee los títulos de Arcediano de Castro, Canónigo de Córdoba y Gobernador de Sevilla y su Arzobispado.

Por tanto, oficialmente, y a falta de documentos anteriores, la Hermandad de Nuestra Señora del Rosario de Mairena del Aljarafe se constituye en la fecha que indica, el 16 de Mayo de 1616.

Se encuentra la Hermandad perfectamente organizada y en ella está latente un claro deseo de identidad como pueblo y así se indica en las Reglas Fundacionales que para pertenecer a la misma se precisa ser vecinos de Mairena del Aljarafe. “Primeramente ordenamos que en esta sancta hermandad los hermanos sean vecino de esta villa…”. Por aquel entonces Mairena del Aljarafe pertenecía a la jurisdicción de Palomares del Río no obteniendo su reconocimiento como Concejo Independiente hasta que en 1639, mediante Real Cédula. Así, pues casi 25 años antes de que Mairena fuera villa independiente de Palomares del Río ya estaba constituida la Hermandad de Nuestra Señora del Rosario.

Surge, por tanto, esta Cofradía con una clara vocación de rendir culto a la imagen de Nuestra Señora del Rosario, pero también con un carácter eminentemente social, asistiendo a los hermanos y a los familiares a su cargo, en el lecho de muerte o en las posteriores exequias a los difuntos.

Según las Reglas Fundacionales se podía pertenecer a la Hermandad si se era de la villa, cristiano y bien visto socialmente; para los hombres, era la única entrada. Las mujeres, sin embargo, contaban con otra posibilidad de acceder a la Cofradía, que era por el fallecimiento de su esposo si éste era hermano.

El carácter servicial de la Hermandad de Nuestra Señora del Rosario es otra característica de la Institución. Se puede destacar que la cofradía exigía de sus integrantes una disposición servicial hacia los demás hermanos basada en el amor hacia Dios, la igualdad y el respeto mutuo.

Llama poderosamente la atención también en la lectura de las Reglas, las normas a seguir, y las continuas y severas sanciones que se imponen por su incumplimiento.

El examen de las Reglas muestra que la Hermandad se estructuraba en dos partes perfectamente diferenciadas; los oficiales y el resto de los hermanos. Los oficiales estaban encargados del Gobierno de la Cofradía siendo anualmente elegidos en el Cabildo que se celebraba el día de Nuestra Señora del Rosario. Estos cargos, que a lo largo de las Reglas aparecen son: Prioste (o Prior), Mayordomo, Diputados, Alcalde, Muñidor, Escribano; el último de ellos no estaba sometido a elección.

Desde el punto de vista devocional las principales manifestaciones religiosas que aparecen en el documento son:

 

El culto a la Virgen del Rosario en el siglo XVI:

El culto a la Virgen María en la advocación del Rosario es el «centro» de la Hermandad y sobre el que se apoyan los demás actos. El culto más importante de la Hermandad era la Fiesta o Función Principal, vocablo este último que todavía se conserva. Se celebraba el día de la Virgen del Rosario, es decir, el primer Domingo del mes de Octubre. En él se oficiaba una misa en honor de la titular, denominada Misa Mayor, que se realizaba por la mañana, tal y como sucede hoy en día. Este era uno de los actos más relevantes de la vida de la Cofradía para el que, incluso se traían predicadores de fuera y, en ocasiones, organistas.

El mismo día se hacía una salida procesional con la Virgen del Rosario por las calles del pueblo, actividad que incluía música y fuegos. No solamente se rendía culto a la Virgen del Rosario el día de su fiesta sino que, de manera continuada, se veneraba durante todo el año. A esto contribuían en gran medida las misas que, en honor de nuestra Madre del Rosario se celebraban todos los domingos primeros de cada mes. En el mismo día se realizaba una procesión, en honor de la titular de la Hermandad. Se le concedía un rango de importancia similar, sobre el papel, al del día de Nuestra Señora del Rosario, a la de Pascua de Resurrección y al del Corpus Christi.

Todos los hermanos de la Cofradía del Rosario de la villa tenían la obligación de asistir a estas misas mensuales, y para ello eran mandados avisar por el Prioste o el Mayordomo. A cada uno se le asignaba una candela que debía llevar encendida y con ella, un sitio.

Como hecho singular de las procesiones. las hermanas de la Cofradía del Rosario tenían la obligación de rezar cincuenta veces el Ave María con su correspondiente Padre Nuestro, previo aviso del Prioste.

 

Otros cultos y fiestas: 

Entre los cultos que se dedicaban a la Virgen nos encontramos con dos advocaciones diferentes a la del Rosario: Nuestra Señora de la Encarnación y Nuestra Señora de la Candelaria.

La segunda derivación de los cultos no rosarieros eran los que se realizaban en honor del Hijo de Dios. Estos son la Pascua de Resurrección y el Corpus Christi.

Ambos se encontraban al mismo nivel de importancia que el día de la Virgen del Rosario y las procesiones mensuales.

Como preparación a esta fiesta, una parte de la Hermandad, encabezada por el Prioste y el Mayordomo, custodiaba al Santísimo Sacramento en el monumento desde la noche del Jueves Santo hasta el mediodía del Viernes Santo; es decir, el tiempo que permanece oculto dentro del Monumento. En esta festividad, además de los cultos propios de este día, se celebraba una octava que culminaba, con una procesión. Esta podía hacerse por dentro de la iglesia o por fuera de la misma.

El día de Pascua de Resurrección, se celebraba una misa que, al igual que la del primer domingo de Octubre, se denomina en las Reglas Misa Mayor.

 

El carácter social de la Hermandad: 

El carácter social y de ayuda mutua de la Hermandad es, sin duda, uno de los pilares fundamentales sobre los que se apoya, y se centraba en la práctica caritativa y la práctica asistencial.

La Hermandad del Rosario, se encargaba de asistir a los cofrades que, venidos a menos y caían en la pobreza. La ayuda que la Cofradía prestaba, consistía en una asignación suficiente para cubrir sus necesidades.

En cuanto a la práctica asistencial en la Hermandad, estaba centrada en los moribundos y difuntos; especialmente estos últimos.

La asistencia a los moribundos se basaba en añadir, al lugar donde este pasaba su agonía, una vela de media libra de cera.

La mayor parte de los esfuerzos que la Cofradía realizaba motivados con esta práctica tenían como objetivo al cofrade difunto. La Hermandad se encargaba de organizar y llevar a cabo el entierro de los hermanos.

Tras el entierro, al que debían acompañar los hermanos, se le oficiaban las exequias correspondientes, acompañando, a su término, la Hermandad a la familia del fallecido hasta la casa de donde partió la procesión. A estos actos, tenían obligación de asistir todos los cofrades, llevando consigo una vela.

Asimismo, la Cofradía celebraba una Misa cantada.

No eran, solamente, los propios cofrades los únicos beneficiarios de este tipo de asistencia que la Hermandad sufragaba. A ello tenían derecho los familiares de primer y segundo orden, siempre y cuando estuvieran bajo el mismo techo y al amparo del cofrade.

 

El culto a la Virgen del Rosario según sus primitivas Reglas 

El culto a la Virgen María en la advocación del Rosario es el «centro» de la Hermandad y sobre el que se apoyan los demás actos. El culto más importante de la Hermandad era la Fiesta o Función Principal, vocablo este último que todavía se conserva. Se celebraba el día de la Virgen del Rosario, es decir, el primer Domingo del mes de Octubre. En él se oficiaba una misa en honor de la titular, denominada Misa Mayor, que se realizaba por la mañana, tal y como sucede hoy en día. Este era uno de los actos más relevantes de la vida de la Cofradía para el que, incluso se traían predicadores de fuera y, en ocasiones, organistas.

El mismo día se hacía una salida procesional con la Virgen del Rosario por las calles del pueblo, actividad que incluía música y fuegos. No solamente se rendía culto a la Virgen del Rosario el día de su fiesta sino que, de manera continuada, se veneraba durante todo el año. A esto contribuían en gran medida las misas que, en honor de nuestra Madre del Rosario se celebraban todos los domingos primeros de cada mes. En el mismo día se realizaba una procesión, en honor de la titular de la Hermandad. Sele concedía un rango de importancia similar, sobre el papel, al del día de Nuestra Señora del Rosario, a la de Pascua de Resurrección y al del Corpus Christi.

Todos los hermanos de la Cofradía del Rosario de la villa tenían la obligación de asistir a estas misas mensuales, y para ello eran mandados avisar por el Prioste o el Mayordomo. A cada uno se le asignaba una candela que debía llevar encendida y con ella, un sitio.

Como hecho singular de las procesiones. las hermanas de la Cofradía del Rosario tenían la obligación de rezar cincuenta veces el Ave María con su correspondiente Padre Nuestro, previo aviso del Prioste.

 

Otros cultos y fiestas:

Entre los cultos que se dedicaban a la Virgen nos encontramos con dos advocaciones diferentes a la del Rosario: Nuestra Señora de la Encarnación y Nuestra Señora de la Candelaria.

La segunda derivación de los cultos no rosarieros eran los que se realizaban en honor del Hijo de Dios. Estos son la Pascua de Resurrección y el Corpus Christi.

Ambos se encontraban al mismo nivel de importancia que el día de la Virgen del Rosario y las procesiones mensuales.

Como preparación a esta fiesta, una parte de la Hermandad, encabezada por el Prioste y el Mayordomo, custodiaba al Santísimo Sacramento en el monumento desde la noche del Jueves Santo hasta el mediodía del Viernes Santo; es decir, el tiempo que permanece oculto dentro del Monumento. En esta festividad, además de los cultos propios de este día, se celebraba una octava que culminaba, con una procesión. Esta podía hacerse por dentro de la iglesia o por fuera de la misma.

El día de Pascua de Resurrección, se celebraba una misa que, al igual que la del primer domingo de Octubre, se denomina en las Reglas Misa Mayor.

 

El carácter social de la Hermandad: 

El carácter social y de ayuda mutua de la Hermandad es, sin duda, uno de los pilares fundamentales sobre los que se apoya, y se centraba en la práctica caritativa y la práctica asistencial.

La Hermandad del Rosario, se encargaba de asistir a los cofrades que, venidos a menos y caían en la pobreza. La ayuda que la Cofradía prestaba, consistía en una asignación suficiente para cubrir sus necesidades.

En cuanto a la práctica asistencial en la Hermandad, estaba centrada en los moribundos y difuntos; especialmente estos últimos.

La asistencia a los moribundos se basaba en añadir, al lugar donde este pasaba su agonía, una vela de media libra de cera.

La mayor parte de los esfuerzos que la Cofradía realizaba motivados con esta práctica tenían como objetivo al cofrade difunto. La Hermandad se encargaba de organizar y llevar a cabo el entierro de los hermanos.

Tras el entierro, al que debían acompañar los hermanos, se le oficiaban las exequias correspondientes, acompañando, a su término, la Hermandad a la familia del fallecido hasta la casa de donde partió la procesión. A estos actos, tenían obligación de asistir todos los cofrades, llevando consigo una vela.

Asimismo, la Cofradía celebraba una Misa cantada.

No eran, solamente, los propios cofrades los únicos beneficiarios de este tipo de asistencia que la Hermandad sufragaba. A ello tenían derecho los familiares de primer y segundo orden, siempre y cuando estuvieran bajo el mismo techo y al amparo del cofrade.

 

La Hermandad en los siglos XVII Y XVIII 

La Hermandad del Rosario pervive con solidez durante todo el siglo XVII y la primera mitad del siglo XVIII, constando en poder de la misma un libro de actas correspondiente al periodo de 1670 a 1736, donde se pone en práctica, lógicamente con las variantes que la praxis determina, todo lo establecido en las Reglas Fundaciones. Se puede apreciar en ellas, la organización de la Hermandad, los acuerdos adoptados y las distintas fuentes de ingresos de la misma, así como en que se gastaba el dinero recaudado.

Se tiene igualmente constancia de diversos testamentos en los que se dejaba a la cofradía del Rosario una cantidad de reales de vellón como tributo perpetuo a cambio que por la misma se dijeran misas por el alma del finado.

Esta hermandad ocupó un papel destacado en la vida de la parroquia tomando en alguna ocasión la iniciativa en decisiones importantes para el devenir de la iglesia como ocurrió en 1661 cuando Juan de Lora y Juan de León, que eran los alcaldes de la cofradía, pidieron permiso para añadir una nave a la iglesia en terreno de ésta, puesto que era muy pequeña y no cabían los fieles cuando se celebraban los oficios o cuando en 1664, de nuevo, la cofradía del Rosario toma la iniciativa para efectuar nuevos reparos en la Iglesia. Así lo pone de manifiesto el cura D. Pedro Sainz que el 22 de enero de 1664 certifica que “la iglesia no tiene fábrica y que los cofrades del Rosario se interesan por ella ya que pretenden arreglar el techo de la capilla mayor”.Incluso durante este periodo personajes ilustres de la vida social llegaron a desempeñar cargos en la Cofradía del Rosario de Mairena. Este sería el caso de D. Francisco Tadeo Fernández de Velasco y Tovar, o simplemente D. Francisco de Velasco, el Sr. Virrey, como obra en el reseñado libro de actas, elegido mayordomo del Rosario en 1733 y reelegido en 1736, tras su ausencia de la villa de Mairena en 1734.

  

Entre las notas históricas del siglo XVIII en nuestra Hermandad, encontramos que:

En 1732 

la cofradía celebra varios cabildos donde, incluso se fija la cantidad de dinero que el Mayordomo debe gastar en la fiesta de Octubre y que ascienden a 655 reales, advirtiéndose a los mayordomos sucesivos que si superaban esta cantidad, la diferencia se consideraría gastada por cuenta propia en un intento por controlar los gastos de la congregación y evitar desajustes en los balances económicos.

En ese mismo año Diego de Morales, vecino de Mairena, dona una media luna de plata para la imagen del Rosario con la petición de que este hecho se inscribiese en los libros de visita, a lo que el cura de la villa accedió tras recibir las necesarias autorizaciones. Además el donante puso como condición que dicha media luna no se preste, advirtiendo que procedería oportunamente si esto se incumpliese.

Y así se señala:“Item. Mando una lámina que yo tengo en mis casas de a vara de largo pintada en vidrio con la adbocación de asensión de Nuestra Señora se ponga en la iglesia de esta villa en el altar de Nuestra Señora del Rosario y se haga de lo más propio de mis vienes un retablito que tenga de costo hasta ciento y cinquentta reales de vellón y si por algún acontecimiento del Padre Cura de esta villa o de ottra persona que tenga juridizion no lo permittiere es mi voluntad se lo lleve a sus casa Juan Pérez mi cuñado después de los días de mi fallecimiento”

En 1736

constan en las Actas de los Cabildos que tiene la hermandad una nota firmada por el entonces mayordomo Francisco Thadeo Fernández de Velasco y Tovar, agradeciendo a Diego de Morales las donaciones a la Virgen.

En 1734

En el cabildo de nombramiento de los diferentes cargos de la congregación, los que resultan elegidos, juran defender la pureza Inmaculada de la Virgen María.

Resulta cuanto menos significativo que en el Cabildo de 23 de enero de 1736 se ponga de manifiesto el uso conjunto de las Reglas por parte de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario y del Santísimo Sacramento.

La actividad de la Hermandad en la parroquia queda manifestada en el hecho de que en el acta hecha en 1734 por el visitador en nombre del arzobispado, aparece la hermandad del Rosario junto a las del Santísimo Sacramento, la de Vera Cruz y la del Santísimo Cristo de la Piedad y Nuestra Señora de los Dolores. Según este documento la hermandad ingresó cerca de 500 reales en ese año, es decir, manteniéndose en los niveles de comienzos de siglo. Estos ingresos se destinaban a los cultos que se celebraban el primer Domingo de Octubre, así como a las misas por los hermanos difuntos, y al adorno y cuidado del altar de la Virgen.

Afortunadamente, la hermandad conserva los libros de actas hasta 1736, aunque del posterior periodo histórico que abarca hasta principios del siglo XIX, las fuentes documentales son más escasas. Por ello, en muchos casos, debemos basarnos en fuentes externas a la propia Hermandad, esto es, distintas referencias en testamentos y documentos del arzobispado en los que se ponen de manifiesto como la devoción a Ntra. Sra. del Rosario se mantiene con solidez durante todo este periodo histórico.

Así entre los documentos encontrados en los distintos archivos sevillanos, en la Sección de Gobierno-Fábrica del Palacio Arzobispal llama la atención por el desenlace al que se ve abocado el dinero recogido para la fiesta que se tenía previsto llevar a cabo en honor de Nuestra Señora del Rosario.

En 1755

En el año del Señor de 1755 un grupo importante de maireneros quedan gratamente sorprendidos porque, un terremoto que, en otros lugares, causó cuantiosas pérdidas, aquí y como dice el documento “pidieron limosnas que se habrían de convertir en una fiesta a Nuestra Señora del Rosario en honra y gloria de que a ellos los había sacado del temblor de tierra…” o en otra parte se indica por haber librado a esta Villa de los perjuicios que causó el terremoto”.

La consecuencia más inmediata es que se juntaron estas personas y dos de ellas en nombre de todos, pidiesen por el pueblo para hacerle una fiesta a la Virgen del Rosario. Así ocurre y los reales pasan a manos de los demandantes, dejando caer los vecinos en su pañuelos unos un real, otros, tres y hasta seis reales. Los hay que además de los reales darán un pollo para que se rifara en la plaza del pueblo, dos melones o una calabaza. Los más pudientes aportan una o dos fanegas de trigo que iban recogiendo con una bestia por todo el pueblo y así hasta un total de doscientos setenta y un real y medio y en trigo dieciocho fanegas y tres almudes, y al final las especies al ser traducidas a reales de vellón, aportaron un total de cuatrocientos setenta y dos reales y un cuartillo de vellón.

El hijo del Marques del Caltojar, Don Francisco de Velasco que fue mayordomo de la Hermandad del Rosario este año quiso costear la iglesia, el sermón y la cera. El cura señala que todo está pagado por razón de la limosna, pero el Marques del Caltojar se mantiene en su empeño de pagar y es precisa la intervención del Alcalde ordinario.

El dinero recogido se invierte en la compra de una arroba de aceite para la Virgen del Rosario y doscientos reales que se entregarían al de los fuegos artificiales. Con el resto del dinero el cura propone al Arzobispado gastarlo en el enlozado de la iglesia ya que esta estaba desolada y los ladrillos amontonados en los rincones del templo y en la compra de vestuario eclesiástico.

El Arzobispado responde positivamente a esta propuesta y bajo pena de excomunión comunica a aquel, que todavía estaba vivo de los dos que recogieron el dinero por el pueblo, que en el plazo de tres días lo entregue y se gasten en la obra parroquial.

 

También nos confirma la devoción del pueblo de Mairena a la Virgen del Rosario durante esta época los distintos testamentos en los que se le hace alguna donación:

Así en un testamento de 1752, una vez más se demuestra el amor de los maireneros a Nuestra Señora del Rosario.

El caso que nos ocupa se refiere a Catalina de León, mujer de José Claros, que eran vecinos de esta villa. Ella se encuentra “enferma en cama y muy grave”… de la enfermedad que Dios nuestra Señor a sido servirme darme y mi enttero Juysio y Buena memoria…”

Como dispone de caudales, es su voluntad que se digan después de su fallecimiento setenta y cuatro misas rezadas.

En otro lugar del testamento y queriendo hacer gala del amor y devoción que tiene a la Virgen del Rosario dice: “Item. Mando que se le de en el fin de mis días a nuestra Señora del Rosario un guardapiés de razo que ttengo mio propio para que le sirva a su Magestad en lo que mas faltta le haga; una savana delgada de esttopilla que tengo ttambien mia propia, asi mismo le mando a dicha Ymagen del Rosario que le hagan camisas y a su hijo Santtisimo que su Magestad tiene en sus brazos, hasta lo que le alcanzase, todo lo cual es mi voluntad se ejecutte asi sin que por persona alguna se ponga, ni pueda poner embarazo alguno y pido a su Magestad me lleve a su etterno descanzo, perdonándome mis culpas y pecados”.

En un testamento redactado en 1762 por José de Morales igualmente se da muestra de la devoción de los maireneros a la Virgen del Rosario y se expresa en los siguientes términos: “Item. Declaro que abra tiempo de cinco años que se vendió una novilla mia con una cria hembra que yo había mandado a nuestra Señora del Rosario de la Iglesia de esta villa en tresientos y quinse reales de vellón y de ellos los quinse reales se pagaron al Diezmo y en poder de D. Juan Andres de Garay cura de la Iglesia Parroquial de esta villa, están diez y siete pesos y tres en mi poder; quiero y es mi voluntad que asi los diez y siete pesos, asi como los tres que tengo en mi poder se conviertan en puntas de Plata fina, para el adorno del Vestido de dicha Imagen, mando que mis Albaceas lo Cumplan con esta Conformidad, luego que yo fallezca sin dilación Alguna que asi es mi voluntad”

Item. Declaro que también tengo en mi poder nueve pesos que paran en poder de la dicha Ana de los Santos Colchero, mi mujer, los cinco de ellos de trigo que mande a dicha Imagen de nuestra Señora del Rosario y los cuatro que asi mismo mande a dicha Imagen el valor de unas Calabazas, que asi el trigo como las dichas Calabazas se vendieron, y produjo asi una cosa como la otra la Cantidad de los dicho nueve pesos, quiero que estos se junten con los veinte pesos que consta en la Clausula antecedente y se convierta todo ello en las puntas de Plata fina para el mayor adorno del vestido de dicha Santa Imagen, sobre lo cual les encargo gravemente las consecuencias de los dichos mis albaceas, que asi proceda a mi determinada Voluntad”

Estas puntas de Plata fina siguen hoy en poder de la Hermandad.

Otro testamento es de 30 de noviembre de 1783 y su autora es Juana García, ésta al morir, quiere ser enterrada en la parroquia de San Ildefonso. Un año más tarde del testamento hace un codicilo en el que aparece como beneficiaria la Virgen del Rosario: “Item. Mando que luego que se verifique mi dicho fallecimiento se compre por mis albaceas y herederos un rosario de plata sobredorada con sus mallas y casquillos en los Padrenuestros y Avemarías también de plata y con tres medallas grandes y una cruz todo de plata y se entregue a nuestra Señora del Rosario poniéndosele a dicha Imagen que cita en la parroquial de esta villa cuidando de ella y se cumpla así dicho párroco y mayordomo que a la mayor sazón fuere de la hermandad de dicha Señora que así es mi última y determinada voluntad”

Este testamento es especialmente significativo ya que ha de destacarse un hecho importante puesto que en el mismo puede reconocerse que la hermandad sigue viva y con estructura organizativa ya que se encarga al “mayordomo que a la mayor sazón fuere de la hermandad de dicha Señora” de que se cumpla la voluntad de la finada.

En otro testamento, éste de Ana de Cabrera, pide igualmente ser enterrada en la iglesia de esta villa. Acordándose de la Virgen del Rosario quiere dejarle unos objetos para el adorno de su altar y así demostrarle su cariño y entrega.

La manda dice lo siguiente: “Ítem También lo es que luego que yo fallezca, se lleve a la Iglesia parroquial de esta villa, seis cornucopias y una lámina grande que tengo propias en esta casas de mi habitación y con licencia del cura párroco se coloquen en el altar del Nuestra Señora del Rosario, en el cual permanecerán siempre sin que se permita por mi albacea y heredero que se quite de él con fin ni objeto alguno pues quiero que se fijen en dichoaltar en términos que siempre existan en él, pues así lo tengo ofrecido y le pido y suplico encarecidamente al padre cura que al presente es o en adelante fuese así como por sí prelado particular de dicha iglesia de que esta cláusula se lleve a puro y debido efecto en todas sus partes sin la menor contravención, que así es mi última y determinada voluntad”.

El siglo XIX y principios del XX

Es en la segunda mitad del siglo XIX, cuando de manera efectiva las mujeres de la Hermandad vienen a introducirse en la estructura organizativa de la misma.

Así, acordaron confeccionar unas Reglas complementarías a las que los hombres de la Hermandad se habían dotado, para poder participar activamente en esta Cofradía, y que fueron aprobadas el 26 de junio de 1866. Estas reglas al igual que un libro de actas y cuentas se conservan en el archivo de esta Hermandad.

La primera referencia a la relación entre ambas congregaciones, la de mujeres y la de hombres, la tenemos en las Reglas de la Hermandad de mujeres, donde se habla de las precauciones a tomar para evitar discordias en lo referente a los bienes patrimoniales de cada una.

Así se señala que “para evitar las discordias que pudieran originarse entre esta Congregación y la de hombres, como quiera que ambas veneran a la misma imagen de Nuestra Señora del Rosario, se advierte que ninguna de las dos tienen derecho a conservar las alhajas que de presente tienen, para evitar lo dicho, y porque se encuentran en el inventario de la parroquia y solamente deberían custodiarse por la misma parroquia, más las hermandades deberán de por si cuidar de las prendas que vayan a disponer, aquellas que a cada una le pertenezcan, no obstante que puedan favorecerse la una a otra sin controversia ni disputa de ninguna clase” .

Por tanto, podemos pensar que la Hermandad de mujeres se inicia de forma totalmente independiente y autónoma de la antecedente de hombres.

Incluso el título de la Hermandad en las Reglas: “Congregación de Señoras Mujeres cuyo objeto es tributar el culto a María Santísima con el título del Rosario en el mes de Mayo o de María” nos pone de manifiesto que el motivo de su creación es la celebración de actos marianos durante el mes de Mayo, mientras que la Hermandad de hombres celebraba sus cultos en Octubre, como lo había hecho desde su fundación.

Esta congregación de mujeres arranca con gran vitalidad y, mientras en el primer año celebra los cultos de Mayo, pasa, en años posteriores, a organizar todos los cultos en honor a Nuestra Señora del Rosario, tanto los del mes de María como los de Octubre, que la Hermandad de hombres, celebraría, anteriormente.

Va a existir una total predominancia de la congregación de mujeres que, va a organizar todas las fiestas y cultos. En cuanto a la Hermandad de hombres, poco a poco, iría integrándose dentro de la congregación de mujeres, sobre todo a partir de 1885.

De esta forma, en el libro de actas y cuentas de la Hermandad de mujeres encontramos dos partidas del período 1891 al 1893 reseñadas como:

Recogido por la Mayordoma de las hermanas para la función 386 r”

Recogido por el Mayordomo para la función 321 r”

Esta integración entre hombres y mujeres en una misma Hermandad podemos considerarla ya casi consolidada en los primeros años del siglo XX donde, en una de las últimas partidas inscritas en el libro de cuentas de las mujeres, aparece una que se refiere al “dinero recogido de los hermanos” ),aunque las cuotas que se consignan sólo corresponden a las mujeres.

En cuanto a la importancia que dentro del propio pueblo tiene la Congregación en estos años, una idea nos la da el hecho de que sobre el año 1874 la Hermandad poseía algo más de cien hermanas dentro de una población total que rondaría las mil personas (954 personas en 1877 según el Instituto Nacional de Estadística) y un total de doscientas sesenta casas aproximadamente, lo que nos indica que un gran porcentaje de mujeres pertenecían a la Congregación.

Con la aprobación de estas normas se puso en práctica la celebración del “Mes de María” en Mayo, la fiesta de la Candelaria, la Pascua de Resurrección, y otros cultos que se celebraban en la Parroquia. Igualmente, las mujeres colaboraban de forma activa en la práctica caritativa y asistencial.

En libro de actas y cuentas de la Congregación de señoras se recogen los principales ingresos y gastos de la Congregación.

El resurgir económico de la Cofradía permitió hacer frente a nuevos proyectos que contribuyeron de forma decisiva al incremento de su Patrimonio.

 

La consolidación en el siglo XX

El siglo XX vino a consolidar las hondas raíces de esta institución en el pueblo de Mairena del Aljarafe, incrementando de manera significativa el patrimonio de la Hermandad, así en 1927 esta corporación adquirió para nuestra Señora un manto de terciopelo rojo y una saya bordados por el destacado bordador sevillano Juan Manuel Rodríguez Ojeda entre otros enseres.

La elección de la primera Junta de Gobierno, más o menos como la conocemos hoy, de la que se tiene constancia escrita del pasado reciente de la Cofradía, acontece en el año 1956 ya que hasta esa fecha la estructura organizativa de la hermandad seguía los cánones que se habían establecido en la centuria precedente.

No obstante, sobre los años cuarenta se formó una Junta de Gobierno que marcó las pautas de la Hermandad que hoy conocemos. En ella, se alternaron los cargos de Hermano Mayor y Mayordomo, Cipriano Colchero Vargas y Joaquín Colchero Gaviño.

A mediados de 1972 se vuelven a celebrar elecciones de la Junta de Gobierno resultando ser elegido como Hermano Mayor D. Joaquín Colchero Gaviño.

En 1983 se celebrarían nuevas elecciones y resultando una Junta de Gobierno renovada en la que ocuparía el cargo de Hermano Mayor D. Luis Perejón Estrada.

Por aquel entonces se redactaron unas nuevas Reglas que fueron aprobadas por la autoridad eclesiástica adaptadas a los nuevos tiempos, a los cambios sufridos por la sociedad y la transformación experimentada por la Iglesia tras el Concilio Vaticano II.

Durante este periodo histórico la Hermandad, lógicamente al hilo del crecimiento demográfico experimentado por el pueblo de Mairena fue acrecentando el número de sus hermanos y consolidando los cultos y fiestas que desde antaño se celebraban.

Así, y gracias a la colaboración de los hermanos, la economía de la hermandad, durante la segunda mitad del siglo XX, ha estado dominada por los enormes gastos efectuados, sin comparación posible a lo largo de su historia, si exceptuamos el auge del siglo XVIII.

Estos gastos tenían la más variada asignación, no sólo en lo que se refiere a la realización de fiestas con todos los enormes desembolsos que estas suponían, sino igualmente los relacionados con el arreglo y restauración de la capilla, ornamentos de cultos, enseres para la Santísima Virgen del Rosario, etc.

Sirva de ejemplo de todo lo anterior, lo siguiente: en el año 1957 se propone en una reunión de cabildo de oficiales, el arreglo del paso de salida de la Santísima Virgen, la restauración del retablo de la capilla así como también retocar la misma de pintura y arreglo del arco de frente. En este mismo año, se acuerda la compra de un vestido a la Santísima Virgen y un Simpecado, quedando todo en espera de los presupuestos con que se contara para ese año.

Asimismo, en el año 1965, se plantea la necesidad de realizar un enorme esfuerzo económico para la compra de una casa de hermandad, que además de ser lugar de reuniones, las cuales tenían que celebrarse hasta esta fecha en las casas de los hermanos, también era un lugar donde se podía guardar todos los enseres que se poseían.

En la década de los ochenta se emprenden nuevos proyectos de envergadura como la adquisición de otra casa de Hermandad en la Calle La Calleja, así como la restauración del retablo de la Virgen, la restauración del paso de salida de Octubre, etc.

 

Cultos y fiestas en los siglos XIX y XX

Los cultos y fiestas, sobre todo estas últimas, fueron cambiado con los tiempos, no obstante, estas durante todo el siglo XX siguieron centrando en los meses de Mayo y Octubre, como era tradicional.

– Los cultos de Mayo sí han venido conservando y asemejándose más a los que en su momento establecieron las Reglas de la Congregación de mujeres de 1866.

Mayo es así, desde el siglo XIX, el mes de María por excelencia, y a ella, a Nuestra Señora del Rosario, se le ha venido dedicando el mismo en la villa de Mairena del Aljarafe.

La diferencia entre años anteriores y los actuales radica en que antiguamente la Virgen presidía durante todo el mes el altar mayor de la parroquia de San Ildefonso. Por aquel entonces, se le colocaba una corona rellena de flores, siendo en muchas ocasiones la flor de la retama la elegida para dicho menester; el encargado de rellenársela y colocársela era Luis “el Aguacil”. El altar se ponía cubierto de flores durante todo el mes, se le hacía el mes de María y la Función Principal, que entre los maireneros gustaba llamarle “la misa buena”. Finalmente, el último día de Mayo las niñas iban vestidas de comunión a rezarle y cantar algunas canciones a la Virgen

También se realizaban cruces de Mayo, de las que varias se instalaban por el pueblo; se ponía la cruz adornada con flores y arcos y las jovencitas se vestían “de gitana” para bailar y cantar delante de ella.

Por otra parte, estaban los cultos y actos del Domingo de Resurrección, hoy desaparecidos. En esta ocasión, la Virgen del Rosario salía en su paso, éste de parihuelas, y en otro salía el “Niño perdido”, como popularmente se conocía. Ambas imágenes procesionaban por recorridos diferentes y se encontraban en un punto de la Calle Nueva.

– Las fiestas de Octubre eran históricamente y siguen siendo las fiestas grandes de la Hermandad. Es en este mes, se entremezclan cultos y fiestas dando como resultado unos hermosos días vividos con intensidad por todos los hermanos y maireneros en general.

Algo muy tradicional en aquellas fiestas pasadas era el tamborilero. En ocasiones, éste venía el domingo y lunes, siendo este día cuando recorría las calles acompañado por un grupo de gente, conociéndose este acto como Diana Floreada. Esta tradición perdida durante años ha sido recuperada en 2007, recorriendo el tamborilero las calles de Mairena acompañado de un grupo de hermanos.

Otro elemento tradicional en las fiestas, que se mantiene en la actualidad, es la tómbola. Parece ser que es aproximadamente en 1926 cuando se instala por primera vez.

Por su parte, los cultos religiosos se centraban en lo siguiente; Misa cantada y besamanos el día 7 de Octubre, festividad de Nuestra Señora del Rosario, así como Rosario de la Aurora. El novenario terminaba con Función Solemne y Santo Rosario por la tarde, culminando los actos religiosos con procesión claustral y Salve solemne.

Estos cultos sustancialmente se mantienen casi idénticos en la actualidad aunque desde la década de los 80, viene siendo costumbre celebrar, al término de las fiestas y coincidiendo con el fin de mes y paso de la Virgen a su capilla, una misa de Acción de Gracias a la Santísima Virgen a la cual concurren gran número de fieles.

Todos los cultos, tanto los de Mayo como los de Octubre, al margen de otros aspectos que regulan la vida actual de la Hermandad, aparecen recogidos en el artículado de las nuevas Reglas que fueron aprobadas por la autoridad eclesiástica en 2006 y que rigen la vida actual de esta corporación.

  • Los pasos de salida:El paso antiguo de la Virgen era de manguillas, es decir, era llevada a hombros, por ochos hombres, cuatro delante y cuatro detrás.

El primer año que salió con trabajaderas fue el mismo en que se estrenó el manto rojo, es decir, 1927. El paso de manguilla llevaba en las esquinas unos ramos de flores de cera y las luces eran eléctricas. En nuestros días, la Hermandad cuenta con una cuadrilla de hermanos costaleros, habiéndose cumplido en el año 2007, 25 años de la primera cuadrilla de hermanos costaleros que llevaron en sus hombros a Nuestra Señora del Rosario por las calles de Mairena del Aljarafe.

El itinerario que hacía la Virgen en aquellos inicios de siglo era el mismo que recorre en la actualidad.

– El acompañamiento musical: Con relación a las bandas musicales tenemos que señalar ante todo, la buena calidad que tenían las que se traían. Estas protagonizaban un hecho muy curioso y desaparecido con el paso del tiempo. El espectáculo consistía en lo siguiente: la banda de Artillería a caballo se colocaba en la Calle Nueva, en la puerta de la hoy Casa-hermandad, y la de Granada se situaba cerca del Salsipuedes, en la zona que enlaza Calle Nueva con “la esquina de Pérez”,

Una vez situadas, tocaban la “toma de los Castillos”, Iniciaba la actuación la banda de Artillería, a la que respondía la de Granada, y así alternativamente.

  • La Ofrenda de flores: En 1960 tiene lugar la primera ofrenda de flores a la Virgen, en la que participan unos diez caballos.

Esta ofrenda ha ido tomando auge en años posteriores hasta llegar a constituir un gran acontecimiento en nuestros días, con una enorme participación tanto de adultos como de pequeños, siendo estos últimos importantes protagonistas de la misma.

Tradicionalmente, y durante toda la segunda mitad del siglo XX, las fiestas duraban tres días, esto es, de sábado a lunes, pero, posteriormente, concretamente en 1976, estas daban comienzo el Viernes para finalizar el Lunes.

– La Reina de las Fiestas: En el año 1975 la Junta de Gobierno acuerda con el fin de darle más solemnidad a las fiestas de Octubre, proclamar la primera Reina de las Fiestas. Se ha mantenido más de 30 años este título pero hoy ha desaparecido.

Tras la puesta en marcha de la feria de Mairena del Aljarafe ocurrida en el año 2000, la intensidad de los actos festivos de la hermandad decaen al no ser posible el mantenimiento de esta especie de “velada” que la hermandad celebraba sin contar con los fondos que para tal fin aportaba el Ayuntamiento de Mairena del Aljarafe.

No obstante, en la actualidad, los actos festivos, juntos con los cultos en honor de nuestra Señora del Rosario se celebran con gran participación y entusiasmo. Se organizan entre otros actos actuaciones de orquesta y grupos y se mantiene el potaje de hermandad, con más de tres décadas de celebraciones, el sábado a mediodía, ya que los fiestas se centran en el fin de semana, habiendo desaparecido el lunes como día festivo.

 

Hechos destacables de los últimos años

En el año 1972, tuvo lugar la imposición de la corona a la Santísima Virgen, acto de gran solemnidad que se celebró en la plaza de la Iglesia, siendo párroco de la iglesia parroquial de San Ildefonso D. Amadeo Moreno Cabrerizo.

Un hecho destacable fue con motivo de la celebración del Año Santo Mariano la salida procesional de Nuestra Señora del Rosario al clarear del día.

Actos de especial relevancia también han tenido lugar en la Hermandad, como es el caso 1991 de la conmemoración de los 375 años de su fundación, y en el que merece ser destacado el rosario público celebrado por un elenco importante de hermandades del Rosario de distintos pueblos de España.

Destacable también en ese mismo año, el trabajo realizado por un grupo de hermanos de esta cofradía que dio como resultado la publicación de un libro conmemorativo de este acontecimiento, “Mairena del Aljarafe y la Hermandad de Nuestra Señora del Rosario. 375 años de historia”, donde, tras un arduo trabajo de investigación histórica, salió a la luz el discurrir de esta hermandad en sus trescientos setenta y cinco años de vida.

Otro acontecimiento digno de mención fue la celebración del V Encuentro de las Hermandades del Rosario que organizó la de Mairena del Aljarafe el 7 de febrero de 2004.

En 1999 tiene lugar la celebración de elecciones a los cargos directivos de la Hermandad siendo designado como Hermano Mayor D. José Joaquín Espino García.

El pasado 15 de junio de 2007 la Hermandad, celebró Cabido General de Elecciones en la que resultó elegido como Hermano Mayor D. Andrés Pavón Colchero.

Con este legado, a la Junta de Gobierno sólo le queda trabajar por conservar los valores por los que lucharon nuestros antepasados y encaminar sus objetivos a hacer de esta Hermandad una Hermandad viva, participativa, una Hermandad del siglo XXI que sepa adaptarse a los nuevos tiempos de la sociedad y de la Iglesia, pero ello dependerá del grado de compromiso de sus hermanos y de la capacidad de transmisión que desde la Junta de Gobierno se tenga para con ellos.

 

Historia de la Real, Ilustre, Fervorosa y Muy Antigua Hermandad y Cofradía de Nuestra Señora del Rosario de Mairena del Aljarafe.

 

Introducción

Las páginas que a continuación se desarrollan recogen el discurrir histórico de la Hermandad y Cofradía de Nuestra Señora del Rosario de Mairena del Aljarafe desde la fecha en que tenemos constancia de la aprobación por la autoridad eclesiástica de sus primitivas Reglas hasta nuestros días, abarcando un amplio periodo de tiempo de cuatro siglos de amor y devoción a nuestra Madre del Rosario.

La información que ahora mediante esta web se difunde, viene a ser un extracto del trabajo desarrollado por un grupo de jóvenes de nuestra Hermandad en 1991, el Grupo de Investigación Histórica de Nuestra Señora del Rosario “Francisco de Velasco”, que después de una ardua labor de investigación y recopilación de datos, hizo que saliera a la luz el libro “Mairena del Aljarafe y la Hermandad de Nuestra Señora del Rosario. 375 años de historia”, bajo la dirección del historiador e ilustre cofrade sevillano, aunque con raíces maireneras, D. Joaquín de la Peña Fernández.

Vino a recoger este libro la historia cierta, objetiva y veraz de esta Corporación, con un estudio detallado de las Reglas Fundacionales de la Hermandad de 1615, del Libro de Actas de Cabildos de 1670-1736, de la Reglas de la Congregación de mujeres de 1866, del Libro de Actas y Cuentas de la misma del último tercio del siglo XIX, junto con otros escritos del siglo XX, documentos todos ellos que se conservan en el archivo histórico de esta Corporación.

Apuntar también que en el citado libro se contó con la inestimable colaboración del Catedrático del Departamento de Historia del Arte de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Sevilla, D. Juan Miguel González Gómez, autor del capítulo IX de esta obra relativo al patrimonio artístico.

Por último significar que el periodo histórico de mediados del siglo del siglo XVIII a mediados del XIX, donde la documentación que dispone la hermandad es más exigua, se ha visto favorecida por la aportación que en los boletines de esta Corporación ha efectuado nuestro hermano Manuel Vela Farfán tras un arduo trabajo en el Archivo de Protocolos de Sevilla, descubriendo a través de los testamentos que la devoción de los maireneros a Nuestra Madre del Rosario no decayó en ningún momento.

 

Los inicios de la Hermandad

 

Aunque el documento más antiguo, encontrado hasta ahora, (Reglas Fundacionales) está fechado en 1615, la Hermandad de Nuestra Señora del Rosario de Mairena del Aljarafe es, sin lugar a dudas, anterior a esta fecha. Respalda esta afirmación la cantidad de referencias que a lo largo de dicho documento aparecen y que, entre las más importantes podemos destacar:

  • A lo largo del articulado se puede comprobar que el primer Domingo de cada mes la Hermandad celebraba ya una Misa con su procesión. Se estipula que en esta procesión, la cera que ha de arder sea la misma que para el día de la Virgen del Rosario, el de Pascua de Resurrección o el Corpus Christi. Sin embargo, en ningún momento dice la cantidad de cera, ni exacta ni aproximada, que se ha de utilizar en estos tres días, lo que da a entender que era conocida de antemano.
  • Otra referencia que indica que la Hermandad estaba constituida antes de la redacción de sus primitivas Reglas es que hubo que establecer fuertes sanciones para los que debían penas o excusas a la Hermandad puesto que, en no pocas ocasiones, la picaresca de algunos cofrades los hacía quedar inmunes ante ella, evitando así tener que pagar lo que a la Cofradía se le adeudaba. Así, en el capítulo XIII, se señala que todos los cofrades y cofradas (así lo pone en las Reglas) paguen las penas y excusas y se indica “por cuanto se ha visto muchas veces que los unos pagan las penas y excusas y otros con su obstinación quedan libres, no siendo justo, dado que todos somos hijos de Cristo y para servir a Dios principalmente se ha establecido esta Santa Hermandad y Regla, por lo que unos son excusados y otros llevan la carga”.
  • Un punto más que confirma que nuestro razonamiento tiene su fundamento es el desdoblamiento que se hace de las funciones del Prioste por el exceso de trabajo que para una sola persona supone dicho cargo. Es, por tanto, necesario dividir el oficio entre este y otra nueva figura que aparece en el gobierno de la Hermandad: el Mayordomo. “Iten que por cuanto es muy grande trabajo a un hombre solo que sea Prioste tener cargo de todo lo que pertenece al pro y utilidad de la dicha cofradía es nuestra voluntad que sean elegidos por oficiales dos hombres hermanos de la dicha cofradía el uno para Prioste… y el otro que fuere elegido que sea Mayordomo…”
  • En ningún momento se establece el número exacto de cada uno de los oficiales ni las funciones de la mayoría de ellos, como si se supiera de antemano. Refleja esto que la Hermandad, como institución, ya existía y con una cierta estructura organizativa.
  • Tampoco existe una clara ordenación de los cultos, dejando entrever una larga tradición en la preparación de estos actos.

No obstante, y según lo expuesto anteriormente, queda oficialmente instituida la Hermandad, tras la redacción de las Reglas, una vez concluido el proceso que a continuación se expone: presentado el documento en el Arzobispado, es el doctor Pedro de Vargas quien se encarga de su revisión, tras la que introduce unas leves modificaciones que pueden apreciarse en el texto; se realizan por encargo del Provisor D. Gonzalo de Campo y datan del 14 de Octubre de 1615. Sin embargo, la aprobación definitiva no se obtiene hasta el 16 de Mayo de 1616 viniendo de la mano de D. Andrés de Rueda Rico quien posee los títulos de Arcediano de Castro, Canónigo de Córdoba y Gobernador de Sevilla y su Arzobispado.

Por tanto, oficialmente, y a falta de documentos anteriores, la Hermandad de Nuestra Señora del Rosario de Mairena del Aljarafe se constituye en la fecha que indica, el 16 de Mayo de 1616.

Se encuentra la Hermandad perfectamente organizada y en ella está latente un claro deseo de identidad como pueblo y así se indica en las Reglas Fundacionales que para pertenecer a la misma se precisa ser vecinos de Mairena del Aljarafe. “Primeramente ordenamos que en esta sancta hermandad los hermanos sean vecino de esta villa…”. Por aquel entonces Mairena del Aljarafe pertenecía a la jurisdicción de Palomares del Río no obteniendo su reconocimiento como Concejo Independiente hasta que en 1639, mediante Real Cédula. Así, pues casi 25 años antes de que Mairena fuera villa independiente de Palomares del Río ya estaba constituida la Hermandad de Nuestra Señora del Rosario.

Surge, por tanto, esta Cofradía con una clara vocación de rendir culto a la imagen de Nuestra Señora del Rosario, pero también con un carácter eminentemente social, asistiendo a los hermanos y a los familiares a su cargo, en el lecho de muerte o en las posteriores exequias a los difuntos.

Según las Reglas Fundacionales se podía pertenecer a la Hermandad si se era de la villa, cristiano y bien visto socialmente; para los hombres, era la única entrada. Las mujeres, sin embargo, contaban con otra posibilidad de acceder a la Cofradía, que era por el fallecimiento de su esposo si éste era hermano.

El carácter servicial de la Hermandad de Nuestra Señora del Rosario es otra característica de la Institución. Se puede destacar que la cofradía exigía de sus integrantes una disposición servicial hacia los demás hermanos basada en el amor hacia Dios, la igualdad y el respeto mutuo.

Llama poderosamente la atención también en la lectura de las Reglas, las normas a seguir, y las continuas y severas sanciones que se imponen por su incumplimiento.

El examen de las Reglas muestra que la Hermandad se estructuraba en dos partes perfectamente diferenciadas; los oficiales y el resto de los hermanos. Los oficiales estaban encargados del Gobierno de la Cofradía siendo anualmente elegidos en el Cabildo que se celebraba el día de Nuestra Señora del Rosario. Estos cargos, que a lo largo de las Reglas aparecen son: Prioste (o Prior), Mayordomo, Diputados, Alcalde, Muñidor, Escribano; el último de ellos no estaba sometido a elección.

Desde el punto de vista devocional las principales manifestaciones religiosas que aparecen en el documento son:

 

El culto a la Virgen del Rosario en el siglo XVI:

El culto a la Virgen María en la advocación del Rosario es el «centro» de la Hermandad y sobre el que se apoyan los demás actos. El culto más importante de la Hermandad era la Fiesta o Función Principal, vocablo este último que todavía se conserva. Se celebraba el día de la Virgen del Rosario, es decir, el primer Domingo del mes de Octubre. En él se oficiaba una misa en honor de la titular, denominada Misa Mayor, que se realizaba por la mañana, tal y como sucede hoy en día. Este era uno de los actos más relevantes de la vida de la Cofradía para el que, incluso se traían predicadores de fuera y, en ocasiones, organistas.

El mismo día se hacía una salida procesional con la Virgen del Rosario por las calles del pueblo, actividad que incluía música y fuegos. No solamente se rendía culto a la Virgen del Rosario el día de su fiesta sino que, de manera continuada, se veneraba durante todo el año. A esto contribuían en gran medida las misas que, en honor de nuestra Madre del Rosario se celebraban todos los domingos primeros de cada mes. En el mismo día se realizaba una procesión, en honor de la titular de la Hermandad. Se le concedía un rango de importancia similar, sobre el papel, al del día de Nuestra Señora del Rosario, a la de Pascua de Resurrección y al del Corpus Christi.

Todos los hermanos de la Cofradía del Rosario de la villa tenían la obligación de asistir a estas misas mensuales, y para ello eran mandados avisar por el Prioste o el Mayordomo. A cada uno se le asignaba una candela que debía llevar encendida y con ella, un sitio.

Como hecho singular de las procesiones. las hermanas de la Cofradía del Rosario tenían la obligación de rezar cincuenta veces el Ave María con su correspondiente Padre Nuestro, previo aviso del Prioste.

Otros cultos y fiestas: 

Entre los cultos que se dedicaban a la Virgen nos encontramos con dos advocaciones diferentes a la del Rosario: Nuestra Señora de la Encarnación y Nuestra Señora de la Candelaria.

La segunda derivación de los cultos no rosarieros eran los que se realizaban en honor del Hijo de Dios. Estos son la Pascua de Resurrección y el Corpus Christi.

Ambos se encontraban al mismo nivel de importancia que el día de la Virgen del Rosario y las procesiones mensuales.

Como preparación a esta fiesta, una parte de la Hermandad, encabezada por el Prioste y el Mayordomo, custodiaba al Santísimo Sacramento en el monumento desde la noche del Jueves Santo hasta el mediodía del Viernes Santo; es decir, el tiempo que permanece oculto dentro del Monumento. En esta festividad, además de los cultos propios de este día, se celebraba una octava que culminaba, con una procesión. Esta podía hacerse por dentro de la iglesia o por fuera de la misma.

 

El día de Pascua de Resurrección, se celebraba una misa que, al igual que la del primer domingo de Octubre, se denomina en las Reglas Misa Mayor.

El carácter social de la Hermandad: 

El carácter social y de ayuda mutua de la Hermandad es, sin duda, uno de los pilares fundamentales sobre los que se apoya, y se centraba en la práctica caritativa y la práctica asistencial.

La Hermandad del Rosario, se encargaba de asistir a los cofrades que, venidos a menos y caían en la pobreza. La ayuda que la Cofradía prestaba, consistía en una asignación suficiente para cubrir sus necesidades.

En cuanto a la práctica asistencial en la Hermandad, estaba centrada en los moribundos y difuntos; especialmente estos últimos.

La asistencia a los moribundos se basaba en añadir, al lugar donde este pasaba su agonía, una vela de media libra de cera.

La mayor parte de los esfuerzos que la Cofradía realizaba motivados con esta práctica tenían como objetivo al cofrade difunto. La Hermandad se encargaba de organizar y llevar a cabo el entierro de los hermanos.

Tras el entierro, al que debían acompañar los hermanos, se le oficiaban las exequias correspondientes, acompañando, a su término, la Hermandad a la familia del fallecido hasta la casa de donde partió la procesión. A estos actos, tenían obligación de asistir todos los cofrades, llevando consigo una vela.

Asimismo, la Cofradía celebraba una Misa cantada.

No eran, solamente, los propios cofrades los únicos beneficiarios de este tipo de asistencia que la Hermandad sufragaba. A ello tenían derecho los familiares de primer y segundo orden, siempre y cuando estuvieran bajo el mismo techo y al amparo del cofrade.

 

El culto a la Virgen del Rosario según sus primitivas Reglas

 

El culto a la Virgen María en la advocación del Rosario es el «centro» de la Hermandad y sobre el que se apoyan los demás actos. El culto más importante de la Hermandad era la Fiesta o Función Principal, vocablo este último que todavía se conserva. Se celebraba el día de la Virgen del Rosario, es decir, el primer Domingo del mes de Octubre. En él se oficiaba una misa en honor de la titular, denominada Misa Mayor, que se realizaba por la mañana, tal y como sucede hoy en día. Este era uno de los actos más relevantes de la vida de la Cofradía para el que, incluso se traían predicadores de fuera y, en ocasiones, organistas.

El mismo día se hacía una salida procesional con la Virgen del Rosario por las calles del pueblo, actividad que incluía música y fuegos. No solamente se rendía culto a la Virgen del Rosario el día de su fiesta sino que, de manera continuada, se veneraba durante todo el año. A esto contribuían en gran medida las misas que, en honor de nuestra Madre del Rosario se celebraban todos los domingos primeros de cada mes. En el mismo día se realizaba una procesión, en honor de la titular de la Hermandad. Sele concedía un rango de importancia similar, sobre el papel, al del día de Nuestra Señora del Rosario, a la de Pascua de Resurrección y al del Corpus Christi.

Todos los hermanos de la Cofradía del Rosario de la villa tenían la obligación de asistir a estas misas mensuales, y para ello eran mandados avisar por el Prioste o el Mayordomo. A cada uno se le asignaba una candela que debía llevar encendida y con ella, un sitio.

Como hecho singular de las procesiones. las hermanas de la Cofradía del Rosario tenían la obligación de rezar cincuenta veces el Ave María con su correspondiente Padre Nuestro, previo aviso del Prioste.

Otros cultos y fiestas: 

Entre los cultos que se dedicaban a la Virgen nos encontramos con dos advocaciones diferentes a la del Rosario: Nuestra Señora de la Encarnación y Nuestra Señora de la Candelaria.

La segunda derivación de los cultos no rosarieros eran los que se realizaban en honor del Hijo de Dios. Estos son la Pascua de Resurrección y el Corpus Christi.

Ambos se encontraban al mismo nivel de importancia que el día de la Virgen del Rosario y las procesiones mensuales.

Como preparación a esta fiesta, una parte de la Hermandad, encabezada por el Prioste y el Mayordomo, custodiaba al Santísimo Sacramento en el monumento desde la noche del Jueves Santo hasta el mediodía del Viernes Santo; es decir, el tiempo que permanece oculto dentro del Monumento. En esta festividad, además de los cultos propios de este día, se celebraba una octava que culminaba, con una procesión. Esta podía hacerse por dentro de la iglesia o por fuera de la misma.

El día de Pascua de Resurrección, se celebraba una misa que, al igual que la del primer domingo de Octubre, se denomina en las Reglas Misa Mayor.

El carácter social de la Hermandad: 

El carácter social y de ayuda mutua de la Hermandad es, sin duda, uno de los pilares fundamentales sobre los que se apoya, y se centraba en la práctica caritativa y la práctica asistencial.

La Hermandad del Rosario, se encargaba de asistir a los cofrades que, venidos a menos y caían en la pobreza. La ayuda que la Cofradía prestaba, consistía en una asignación suficiente para cubrir sus necesidades.

En cuanto a la práctica asistencial en la Hermandad, estaba centrada en los moribundos y difuntos; especialmente estos últimos.

La asistencia a los moribundos se basaba en añadir, al lugar donde este pasaba su agonía, una vela de media libra de cera.

La mayor parte de los esfuerzos que la Cofradía realizaba motivados con esta práctica tenían como objetivo al cofrade difunto. La Hermandad se encargaba de organizar y llevar a cabo el entierro de los hermanos.

Tras el entierro, al que debían acompañar los hermanos, se le oficiaban las exequias correspondientes, acompañando, a su término, la Hermandad a la familia del fallecido hasta la casa de donde partió la procesión. A estos actos, tenían obligación de asistir todos los cofrades, llevando consigo una vela.

Asimismo, la Cofradía celebraba una Misa cantada.

No eran, solamente, los propios cofrades los únicos beneficiarios de este tipo de asistencia que la Hermandad sufragaba. A ello tenían derecho los familiares de primer y segundo orden, siempre y cuando estuvieran bajo el mismo techo y al amparo del cofrade.

 

La Hermandad en los siglos XVII Y XVIII

 

La Hermandad del Rosario pervive con solidez durante todo el siglo XVII y la primera mitad del siglo XVIII, constando en poder de la misma un libro de actas correspondiente al periodo de 1670 a 1736, donde se pone en práctica, lógicamente con las variantes que la praxis determina, todo lo establecido en las Reglas Fundaciones. Se puede apreciar en ellas, la organización de la Hermandad, los acuerdos adoptados y las distintas fuentes de ingresos de la misma, así como en que se gastaba el dinero recaudado.

Se tiene igualmente constancia de diversos testamentos en los que se dejaba a la cofradía del Rosario una cantidad de reales de vellón como tributo perpetuo a cambio que por la misma se dijeran misas por el alma del finado.

Esta hermandad ocupó un papel destacado en la vida de la parroquia tomando en alguna ocasión la iniciativa en decisiones importantes para el devenir de la iglesia como ocurrió en 1661 cuando Juan de Lora y Juan de León, que eran los alcaldes de la cofradía, pidieron permiso para añadir una nave a la iglesia en terreno de ésta, puesto que era muy pequeña y no cabían los fieles cuando se celebraban los oficios o cuando en 1664, de nuevo, la cofradía del Rosario toma la iniciativa para efectuar nuevos reparos en la Iglesia. Así lo pone de manifiesto el cura D. Pedro Sainz que el 22 de enero de 1664 certifica que “la iglesia no tiene fábrica y que los cofrades del Rosario se interesan por ella ya que pretenden arreglar el techo de la capilla mayor”.Incluso durante este periodo personajes ilustres de la vida social llegaron a desempeñar cargos en la Cofradía del Rosario de Mairena. Este sería el caso de D. Francisco Tadeo Fernández de Velasco y Tovar, o simplemente D. Francisco de Velasco, el Sr. Virrey, como obra en el reseñado libro de actas, elegido mayordomo del Rosario en 1733 y reelegido en 1736, tras su ausencia de la villa de Mairena en 1734.

 

 

Entre las notas históricas del siglo XVIII en nuestra Hermandad, encontramos que:

En 1732 

la cofradía celebra varios cabildos donde, incluso se fija la cantidad de dinero que el Mayordomo debe gastar en la fiesta de Octubre y que ascienden a 655 reales, advirtiéndose a los mayordomos sucesivos que si superaban esta cantidad, la diferencia se consideraría gastada por cuenta propia en un intento por controlar los gastos de la congregación y evitar desajustes en los balances económicos.

En ese mismo año Diego de Morales, vecino de Mairena, dona una media luna de plata para la imagen del Rosario con la petición de que este hecho se inscribiese en los libros de visita, a lo que el cura de la villa accedió tras recibir las necesarias autorizaciones. Además el donante puso como condición que dicha media luna no se preste, advirtiendo que procedería oportunamente si esto se incumpliese.

Y así se señala:“Item. Mando una lámina que yo tengo en mis casas de a vara de largo pintada en vidrio con la adbocación de asensión de Nuestra Señora se ponga en la iglesia de esta villa en el altar de Nuestra Señora del Rosario y se haga de lo más propio de mis vienes un retablito que tenga de costo hasta ciento y cinquentta reales de vellón y si por algún acontecimiento del Padre Cura de esta villa o de ottra persona que tenga juridizion no lo permittiere es mi voluntad se lo lleve a sus casa Juan Pérez mi cuñado después de los días de mi fallecimiento”

En 1736

constan en las Actas de los Cabildos que tiene la hermandad una nota firmada por el entonces mayordomo Francisco Thadeo Fernández de Velasco y Tovar, agradeciendo a Diego de Morales las donaciones a la Virgen.

En 1734

En el cabildo de nombramiento de los diferentes cargos de la congregación, los que resultan elegidos, juran defender la pureza Inmaculada de la Virgen María.

Resulta cuanto menos significativo que en el Cabildo de 23 de enero de 1736 se ponga de manifiesto el uso conjunto de las Reglas por parte de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario y del Santísimo Sacramento.

La actividad de la Hermandad en la parroquia queda manifestada en el hecho de que en el acta hecha en 1734 por el visitador en nombre del arzobispado, aparece la hermandad del Rosario junto a las del Santísimo Sacramento, la de Vera Cruz y la del Santísimo Cristo de la Piedad y Nuestra Señora de los Dolores. Según este documento la hermandad ingresó cerca de 500 reales en ese año, es decir, manteniéndose en los niveles de comienzos de siglo. Estos ingresos se destinaban a los cultos que se celebraban el primer Domingo de Octubre, así como a las misas por los hermanos difuntos, y al adorno y cuidado del altar de la Virgen.

Afortunadamente, la hermandad conserva los libros de actas hasta 1736, aunque del posterior periodo histórico que abarca hasta principios del siglo XIX, las fuentes documentales son más escasas. Por ello, en muchos casos, debemos basarnos en fuentes externas a la propia Hermandad, esto es, distintas referencias en testamentos y documentos del arzobispado en los que se ponen de manifiesto como la devoción a Ntra. Sra. del Rosario se mantiene con solidez durante todo este periodo histórico.

 

Así entre los documentos encontrados en los distintos archivos sevillanos, en la Sección de Gobierno-Fábrica del Palacio Arzobispal llama la atención por el desenlace al que se ve abocado el dinero recogido para la fiesta que se tenía previsto llevar a cabo en honor de Nuestra Señora del Rosario.

En 1755

En el año del Señor de 1755 un grupo importante de maireneros quedan gratamente sorprendidos porque, un terremoto que, en otros lugares, causó cuantiosas pérdidas, aquí y como dice el documento “pidieron limosnas que se habrían de convertir en una fiesta a Nuestra Señora del Rosario en honra y gloria de que a ellos los había sacado del temblor de tierra…” o en otra parte se indica por haber librado a esta Villa de los perjuicios que causó el terremoto”.

La consecuencia más inmediata es que se juntaron estas personas y dos de ellas en nombre de todos, pidiesen por el pueblo para hacerle una fiesta a la Virgen del Rosario. Así ocurre y los reales pasan a manos de los demandantes, dejando caer los vecinos en su pañuelos unos un real, otros, tres y hasta seis reales. Los hay que además de los reales darán un pollo para que se rifara en la plaza del pueblo, dos melones o una calabaza. Los más pudientes aportan una o dos fanegas de trigo que iban recogiendo con una bestia por todo el pueblo y así hasta un total de doscientos setenta y un real y medio y en trigo dieciocho fanegas y tres almudes, y al final las especies al ser traducidas a reales de vellón, aportaron un total de cuatrocientos setenta y dos reales y un cuartillo de vellón.

El hijo del Marques del Caltojar, Don Francisco de Velasco que fue mayordomo de la Hermandad del Rosario este año quiso costear la iglesia, el sermón y la cera. El cura señala que todo está pagado por razón de la limosna, pero el Marques del Caltojar se mantiene en su empeño de pagar y es precisa la intervención del Alcalde ordinario.

El dinero recogido se invierte en la compra de una arroba de aceite para la Virgen del Rosario y doscientos reales que se entregarían al de los fuegos artificiales. Con el resto del dinero el cura propone al Arzobispado gastarlo en el enlozado de la iglesia ya que esta estaba desolada y los ladrillos amontonados en los rincones del templo y en la compra de vestuario eclesiástico.

El Arzobispado responde positivamente a esta propuesta y bajo pena de excomunión comunica a aquel, que todavía estaba vivo de los dos que recogieron el dinero por el pueblo, que en el plazo de tres días lo entregue y se gasten en la obra parroquial.

 

También nos confirma la devoción del pueblo de Mairena a la Virgen del Rosario durante esta época los distintos testamentos en los que se le hace alguna donación:

 

Así en un testamento de 1752, una vez más se demuestra el amor de los maireneros a Nuestra Señora del Rosario.

 

El caso que nos ocupa se refiere a Catalina de León, mujer de José Claros, que eran vecinos de esta villa. Ella se encuentra “enferma en cama y muy grave”… de la enfermedad que Dios nuestra Señor a sido servirme darme y mi enttero Juysio y Buena memoria…”

 

Como dispone de caudales, es su voluntad que se digan después de su fallecimiento setenta y cuatro misas rezadas.

 

En otro lugar del testamento y queriendo hacer gala del amor y devoción que tiene a la Virgen del Rosario dice: “Item. Mando que se le de en el fin de mis días a nuestra Señora del Rosario un guardapiés de razo que ttengo mio propio para que le sirva a su Magestad en lo que mas faltta le haga; una savana delgada de esttopilla que tengo ttambien mia propia, asi mismo le mando a dicha Ymagen del Rosario que le hagan camisas y a su hijo Santtisimo que su Magestad tiene en sus brazos, hasta lo que le alcanzase, todo lo cual es mi voluntad se ejecutte asi sin que por persona alguna se ponga, ni pueda poner embarazo alguno y pido a su Magestad me lleve a su etterno descanzo, perdonándome mis culpas y pecados”.

 

En un testamento redactado en 1762 por José de Morales igualmente se da muestra de la devoción de los maireneros a la Virgen del Rosario y se expresa en los siguientes términos: “Item. Declaro que abra tiempo de cinco años que se vendió una novilla mia con una cria hembra que yo había mandado a nuestra Señora del Rosario de la Iglesia de esta villa en tresientos y quinse reales de vellón y de ellos los quinse reales se pagaron al Diezmo y en poder de D. Juan Andres de Garay cura de la Iglesia Parroquial de esta villa, están diez y siete pesos y tres en mi poder; quiero y es mi voluntad que asi los diez y siete pesos, asi como los tres que tengo en mi poder se conviertan en puntas de Plata fina, para el adorno del Vestido de dicha Imagen, mando que mis Albaceas lo Cumplan con esta Conformidad, luego que yo fallezca sin dilación Alguna que asi es mi voluntad”

 

Item. Declaro que también tengo en mi poder nueve pesos que paran en poder de la dicha Ana de los Santos Colchero, mi mujer, los cinco de ellos de trigo que mande a dicha Imagen de nuestra Señora del Rosario y los cuatro que asi mismo mande a dicha Imagen el valor de unas Calabazas, que asi el trigo como las dichas Calabazas se vendieron, y produjo asi una cosa como la otra la Cantidad de los dicho nueve pesos, quiero que estos se junten con los veinte pesos que consta en la Clausula antecedente y se convierta todo ello en las puntas de Plata fina para el mayor adorno del vestido de dicha Santa Imagen, sobre lo cual les encargo gravemente las consecuencias de los dichos mis albaceas, que asi proceda a mi determinada Voluntad”

 

Estas puntas de Plata fina siguen hoy en poder de la Hermandad.

 

Otro testamento es de 30 de noviembre de 1783 y su autora es Juana García, ésta al morir, quiere ser enterrada en la parroquia de San Ildefonso. Un año más tarde del testamento hace un codicilo en el que aparece como beneficiaria la Virgen del Rosario: “Item. Mando que luego que se verifique mi dicho fallecimiento se compre por mis albaceas y herederos un rosario de plata sobredorada con sus mallas y casquillos en los Padrenuestros y Avemarías también de plata y con tres medallas grandes y una cruz todo de plata y se entregue a nuestra Señora del Rosario poniéndosele a dicha Imagen que cita en la parroquial de esta villa cuidando de ella y se cumpla así dicho párroco y mayordomo que a la mayor sazón fuere de la hermandad de dicha Señora que así es mi última y determinada voluntad”

 

Este testamento es especialmente significativo ya que ha de destacarse un hecho importante puesto que en el mismo puede reconocerse que la hermandad sigue viva y con estructura organizativa ya que se encarga al “mayordomo que a la mayor sazón fuere de la hermandad de dicha Señora” de que se cumpla la voluntad de la finada.

 

En otro testamento, éste de Ana de Cabrera, pide igualmente ser enterrada en la iglesia de esta villa. Acordándose de la Virgen del Rosario quiere dejarle unos objetos para el adorno de su altar y así demostrarle su cariño y entrega.

 

La manda dice lo siguiente: “Ítem También lo es que luego que yo fallezca, se lleve a la Iglesia parroquial de esta villa, seis cornucopias y una lámina grande que tengo propias en esta casas de mi habitación y con licencia del cura párroco se coloquen en el altar del Nuestra Señora del Rosario, en el cual permanecerán siempre sin que se permita por mi albacea y heredero que se quite de él con fin ni objeto alguno pues quiero que se fijen en dichoaltar en términos que siempre existan en él, pues así lo tengo ofrecido y le pido y suplico encarecidamente al padre cura que al presente es o en adelante fuese así como por sí prelado particular de dicha iglesia de que esta cláusula se lleve a puro y debido efecto en todas sus partes sin la menor contravención, que así es mi última y determinada voluntad”.

 

El siglo XIX y principios del XX

Es en la segunda mitad del siglo XIX, cuando de manera efectiva las mujeres de la Hermandad vienen a introducirse en la estructura organizativa de la misma.

 

Así, acordaron confeccionar unas Reglas complementarías a las que los hombres de la Hermandad se habían dotado, para poder participar activamente en esta Cofradía, y que fueron aprobadas el 26 de junio de 1866. Estas reglas al igual que un libro de actas y cuentas se conservan en el archivo de esta Hermandad.

La primera referencia a la relación entre ambas congregaciones, la de mujeres y la de hombres, la tenemos en las Reglas de la Hermandad de mujeres, donde se habla de las precauciones a tomar para evitar discordias en lo referente a los bienes patrimoniales de cada una.

Así se señala que “para evitar las discordias que pudieran originarse entre esta Congregación y la de hombres, como quiera que ambas veneran a la misma imagen de Nuestra Señora del Rosario, se advierte que ninguna de las dos tienen derecho a conservar las alhajas que de presente tienen, para evitar lo dicho, y porque se encuentran en el inventario de la parroquia y solamente deberían custodiarse por la misma parroquia, más las hermandades deberán de por si cuidar de las prendas que vayan a disponer, aquellas que a cada una le pertenezcan, no obstante que puedan favorecerse la una a otra sin controversia ni disputa de ninguna clase” .

Por tanto, podemos pensar que la Hermandad de mujeres se inicia de forma totalmente independiente y autónoma de la antecedente de hombres.

Incluso el título de la Hermandad en las Reglas: “Congregación de Señoras Mujeres cuyo objeto es tributar el culto a María Santísima con el título del Rosario en el mes de Mayo o de María” nos pone de manifiesto que el motivo de su creación es la celebración de actos marianos durante el mes de Mayo, mientras que la Hermandad de hombres celebraba sus cultos en Octubre, como lo había hecho desde su fundación.

Esta congregación de mujeres arranca con gran vitalidad y, mientras en el primer año celebra los cultos de Mayo, pasa, en años posteriores, a organizar todos los cultos en honor a Nuestra Señora del Rosario, tanto los del mes de María como los de Octubre, que la Hermandad de hombres, celebraría, anteriormente.

Va a existir una total predominancia de la congregación de mujeres que, va a organizar todas las fiestas y cultos. En cuanto a la Hermandad de hombres, poco a poco, iría integrándose dentro de la congregación de mujeres, sobre todo a partir de 1885.

De esta forma, en el libro de actas y cuentas de la Hermandad de mujeres encontramos dos partidas del período 1891 al 1893 reseñadas como:

Recogido por la Mayordoma de las hermanas para la función 386 r”

Recogido por el Mayordomo para la función 321 r”

Esta integración entre hombres y mujeres en una misma Hermandad podemos considerarla ya casi consolidada en los primeros años del siglo XX donde, en una de las últimas partidas inscritas en el libro de cuentas de las mujeres, aparece una que se refiere al “dinero recogido de los hermanos” ),aunque las cuotas que se consignan sólo corresponden a las mujeres.

En cuanto a la importancia que dentro del propio pueblo tiene la Congregación en estos años, una idea nos la da el hecho de que sobre el año 1874 la Hermandad poseía algo más de cien hermanas dentro de una población total que rondaría las mil personas (954 personas en 1877 según el Instituto Nacional de Estadística) y un total de doscientas sesenta casas aproximadamente, lo que nos indica que un gran porcentaje de mujeres pertenecían a la Congregación.

Con la aprobación de estas normas se puso en práctica la celebración del “Mes de María” en Mayo, la fiesta de la Candelaria, la Pascua de Resurrección, y otros cultos que se celebraban en la Parroquia. Igualmente, las mujeres colaboraban de forma activa en la práctica caritativa y asistencial.

En libro de actas y cuentas de la Congregación de señoras se recogen los principales ingresos y gastos de la Congregación.

El resurgir económico de la Cofradía permitió hacer frente a nuevos proyectos que contribuyeron de forma decisiva al incremento de su Patrimonio.

 

La consolidación en el siglo XX

El siglo XX vino a consolidar las hondas raíces de esta institución en el pueblo de Mairena del Aljarafe, incrementando de manera significativa el patrimonio de la Hermandad, así en 1927 esta corporación adquirió para nuestra Señora un manto de terciopelo rojo y una saya bordados por el destacado bordador sevillano Juan Manuel Rodríguez Ojeda entre otros enseres.

La elección de la primera Junta de Gobierno, más o menos como la conocemos hoy, de la que se tiene constancia escrita del pasado reciente de la Cofradía, acontece en el año 1956 ya que hasta esa fecha la estructura organizativa de la hermandad seguía los cánones que se habían establecido en la centuria precedente.

No obstante, sobre los años cuarenta se formó una Junta de Gobierno que marcó las pautas de la Hermandad que hoy conocemos. En ella, se alternaron los cargos de Hermano Mayor y Mayordomo, Cipriano Colchero Vargas y Joaquín Colchero Gaviño.

A mediados de 1972 se vuelven a celebrar elecciones de la Junta de Gobierno resultando ser elegido como Hermano Mayor D. Joaquín Colchero Gaviño.

En 1983 se celebrarían nuevas elecciones y resultando una Junta de Gobierno renovada en la que ocuparía el cargo de Hermano Mayor D. Luis Perejón Estrada.

Por aquel entonces se redactaron unas nuevas Reglas que fueron aprobadas por la autoridad eclesiástica adaptadas a los nuevos tiempos, a los cambios sufridos por la sociedad y la transformación experimentada por la Iglesia tras el Concilio Vaticano II.

Durante este periodo histórico la Hermandad, lógicamente al hilo del crecimiento demográfico experimentado por el pueblo de Mairena fue acrecentando el número de sus hermanos y consolidando los cultos y fiestas que desde antaño se celebraban.

Así, y gracias a la colaboración de los hermanos, la economía de la hermandad, durante la segunda mitad del siglo XX, ha estado dominada por los enormes gastos efectuados, sin comparación posible a lo largo de su historia, si exceptuamos el auge del siglo XVIII.

Estos gastos tenían la más variada asignación, no sólo en lo que se refiere a la realización de fiestas con todos los enormes desembolsos que estas suponían, sino igualmente los relacionados con el arreglo y restauración de la capilla, ornamentos de cultos, enseres para la Santísima Virgen del Rosario, etc.

Sirva de ejemplo de todo lo anterior, lo siguiente: en el año 1957 se propone en una reunión de cabildo de oficiales, el arreglo del paso de salida de la Santísima Virgen, la restauración del retablo de la capilla así como también retocar la misma de pintura y arreglo del arco de frente. En este mismo año, se acuerda la compra de un vestido a la Santísima Virgen y un Simpecado, quedando todo en espera de los presupuestos con que se contara para ese año.

Asimismo, en el año 1965, se plantea la necesidad de realizar un enorme esfuerzo económico para la compra de una casa de hermandad, que además de ser lugar de reuniones, las cuales tenían que celebrarse hasta esta fecha en las casas de los hermanos, también era un lugar donde se podía guardar todos los enseres que se poseían.

En la década de los ochenta se emprenden nuevos proyectos de envergadura como la adquisición de otra casa de Hermandad en la Calle La Calleja, así como la restauración del retablo de la Virgen, la restauración del paso de salida de Octubre, etc.

 

Cultos y fiestas en los siglos XIX y XX

Los cultos y fiestas, sobre todo estas últimas, fueron cambiado con los tiempos, no obstante, estas durante todo el siglo XX siguieron centrando en los meses de Mayo y Octubre, como era tradicional.

– Los cultos de Mayo sí han venido conservando y asemejándose más a los que en su momento establecieron las Reglas de la Congregación de mujeres de 1866.

Mayo es así, desde el siglo XIX, el mes de María por excelencia, y a ella, a Nuestra Señora del Rosario, se le ha venido dedicando el mismo en la villa de Mairena del Aljarafe.

 

La diferencia entre años anteriores y los actuales radica en que antiguamente la Virgen presidía durante todo el mes el altar mayor de la parroquia de San Ildefonso. Por aquel entonces, se le colocaba una corona rellena de flores, siendo en muchas ocasiones la flor de la retama la elegida para dicho menester; el encargado de rellenársela y colocársela era Luis “el Aguacil”. El altar se ponía cubierto de flores durante todo el mes, se le hacía el mes de María y la Función Principal, que entre los maireneros gustaba llamarle “la misa buena”. Finalmente, el último día de Mayo las niñas iban vestidas de comunión a rezarle y cantar algunas canciones a la Virgen

 

También se realizaban cruces de Mayo, de las que varias se instalaban por el pueblo; se ponía la cruz adornada con flores y arcos y las jovencitas se vestían “de gitana” para bailar y cantar delante de ella.

 

Por otra parte, estaban los cultos y actos del Domingo de Resurrección, hoy desaparecidos. En esta ocasión, la Virgen del Rosario salía en su paso, éste de parihuelas, y en otro salía el “Niño perdido”, como popularmente se conocía. Ambas imágenes procesionaban por recorridos diferentes y se encontraban en un punto de la Calle Nueva.

– Las fiestas de Octubre eran históricamente y siguen siendo las fiestas grandes de la Hermandad. Es en este mes, se entremezclan cultos y fiestas dando como resultado unos hermosos días vividos con intensidad por todos los hermanos y maireneros en general.

Algo muy tradicional en aquellas fiestas pasadas era el tamborilero. En ocasiones, éste venía el domingo y lunes, siendo este día cuando recorría las calles acompañado por un grupo de gente, conociéndose este acto como Diana Floreada. Esta tradición perdida durante años ha sido recuperada en 2007, recorriendo el tamborilero las calles de Mairena acompañado de un grupo de hermanos.

Otro elemento tradicional en las fiestas, que se mantiene en la actualidad, es la tómbola. Parece ser que es aproximadamente en 1926 cuando se instala por primera vez.

Por su parte, los cultos religiosos se centraban en lo siguiente; Misa cantada y besamanos el día 7 de Octubre, festividad de Nuestra Señora del Rosario, así como Rosario de la Aurora. El novenario terminaba con Función Solemne y Santo Rosario por la tarde, culminando los actos religiosos con procesión claustral y Salve solemne.

Estos cultos sustancialmente se mantienen casi idénticos en la actualidad aunque desde la década de los 80, viene siendo costumbre celebrar, al término de las fiestas y coincidiendo con el fin de mes y paso de la Virgen a su capilla, una misa de Acción de Gracias a la Santísima Virgen a la cual concurren gran número de fieles.

Todos los cultos, tanto los de Mayo como los de Octubre, al margen de otros aspectos que regulan la vida actual de la Hermandad, aparecen recogidos en el artículado de las nuevas Reglas que fueron aprobadas por la autoridad eclesiástica en 2006 y que rigen la vida actual de esta corporación.

  • Los pasos de salida:El paso antiguo de la Virgen era de manguillas, es decir, era llevada a hombros, por ochos hombres, cuatro delante y cuatro detrás.

 

El primer año que salió con trabajaderas fue el mismo en que se estrenó el manto rojo, es decir, 1927. El paso de manguilla llevaba en las esquinas unos ramos de flores de cera y las luces eran eléctricas. En nuestros días, la Hermandad cuenta con una cuadrilla de hermanos costaleros, habiéndose cumplido en el año 2007, 25 años de la primera cuadrilla de hermanos costaleros que llevaron en sus hombros a Nuestra Señora del Rosario por las calles de Mairena del Aljarafe.

El itinerario que hacía la Virgen en aquellos inicios de siglo era el mismo que recorre en la actualidad.

– El acompañamiento musical: Con relación a las bandas musicales tenemos que señalar ante todo, la buena calidad que tenían las que se traían. Estas protagonizaban un hecho muy curioso y desaparecido con el paso del tiempo. El espectáculo consistía en lo siguiente: la banda de Artillería a caballo se colocaba en la Calle Nueva, en la puerta de la hoy Casa-hermandad, y la de Granada se situaba cerca del Salsipuedes, en la zona que enlaza Calle Nueva con “la esquina de Pérez”,

Una vez situadas, tocaban la “toma de los Castillos”, Iniciaba la actuación la banda de Artillería, a la que respondía la de Granada, y así alternativamente.

  • La Ofrenda de flores: En 1960 tiene lugar la primera ofrenda de flores a la Virgen, en la que participan unos diez caballos.

Esta ofrenda ha ido tomando auge en años posteriores hasta llegar a constituir un gran acontecimiento en nuestros días, con una enorme participación tanto de adultos como de pequeños, siendo estos últimos importantes protagonistas de la misma.

Tradicionalmente, y durante toda la segunda mitad del siglo XX, las fiestas duraban tres días, esto es, de sábado a lunes, pero, posteriormente, concretamente en 1976, estas daban comienzo el Viernes para finalizar el Lunes.

 

 

– La Reina de las Fiestas: En el año 1975 la Junta de Gobierno acuerda con el fin de darle más solemnidad a las fiestas de Octubre, proclamar la primera Reina de las Fiestas. Se ha mantenido más de 30 años este título pero hoy ha desaparecido.

Tras la puesta en marcha de la feria de Mairena del Aljarafe ocurrida en el año 2000, la intensidad de los actos festivos de la hermandad decaen al no ser posible el mantenimiento de esta especie de “velada” que la hermandad celebraba sin contar con los fondos que para tal fin aportaba el Ayuntamiento de Mairena del Aljarafe.

No obstante, en la actualidad, los actos festivos, juntos con los cultos en honor de nuestra Señora del Rosario se celebran con gran participación y entusiasmo. Se organizan entre otros actos actuaciones de orquesta y grupos y se mantiene el potaje de hermandad, con más de tres décadas de celebraciones, el sábado a mediodía, ya que los fiestas se centran en el fin de semana, habiendo desaparecido el lunes como día festivo.

 

Hechos destacables de los últimos años

En el año 1972, tuvo lugar la imposición de la corona a la Santísima Virgen, acto de gran solemnidad que se celebró en la plaza de la Iglesia, siendo párroco de la iglesia parroquial de San Ildefonso D. Amadeo Moreno Cabrerizo.

Un hecho destacable fue con motivo de la celebración del Año Santo Mariano la salida procesional de Nuestra Señora del Rosario al clarear del día.

Actos de especial relevancia también han tenido lugar en la Hermandad, como es el caso 1991 de la conmemoración de los 375 años de su fundación, y en el que merece ser destacado el rosario público celebrado por un elenco importante de hermandades del Rosario de distintos pueblos de España.

Destacable también en ese mismo año, el trabajo realizado por un grupo de hermanos de esta cofradía que dio como resultado la publicación de un libro conmemorativo de este acontecimiento, “Mairena del Aljarafe y la Hermandad de Nuestra Señora del Rosario. 375 años de historia”, donde, tras un arduo trabajo de investigación histórica, salió a la luz el discurrir de esta hermandad en sus trescientos setenta y cinco años de vida.

Otro acontecimiento digno de mención fue la celebración del V Encuentro de las Hermandades del Rosario que organizó la de Mairena del Aljarafe el 7 de febrero de 2004.

En 1999 tiene lugar la celebración de elecciones a los cargos directivos de la Hermandad siendo designado como Hermano Mayor D. José Joaquín Espino García.

El pasado 15 de junio de 2007 la Hermandad, celebró Cabido General de Elecciones en la que resultó elegido como Hermano Mayor D. Andrés Pavón Colchero.

Con este legado, a la Junta de Gobierno sólo le queda trabajar por conservar los valores por los que lucharon nuestros antepasados y encaminar sus objetivos a hacer de esta Hermandad una Hermandad viva, participativa, una Hermandad del siglo XXI que sepa adaptarse a los nuevos tiempos de la sociedad y de la Iglesia, pero ello dependerá del grado de compromiso de sus hermanos y de la capacidad de transmisión que desde la Junta de Gobierno se tenga para con ellos.